martes, 25 de octubre de 2016

La esencia de Helíades...

Cuando hace más de 10 años estos parajes de La Duda quedaron reducidos a cenizas, como el resto de la fértil Campiña de Valencia de Alcántara, llegamos al instituto en septiembre y el alborotado ambiente que suele darse a inicios de curso, se encontraba entre las tinieblas del humo del desgraciado incendio que nos desoló los campos, algunas casas y el corazón de muchos.

Cuatro personas, profesionales como la copa de mucho de los pinos que murieron, Mercedes, Nines, Marisa y Honorio, personas que, aunque no tenían nada que ver con Valencia de Alcántara y La Campiña pero encandiladas por ella, por La Campiña (ya os he contando en alguna entrada que estas tierras encandilan y atrapan), por el amor que los años le habían llevado a tener por nuestra zona, se pusieron manos a la obra, no podían dejar de pasar la oportunidad, por desgracia, y había que empezar a remover conciencias: ¡conciencias medioambientales!

No se si a muchos consiguieron concienciar; sé que algunos sí, entre los que se encuentra quien escribe.

El camino para conseguir esa conciencia fue un proyecto, un proyecto al que el futuro le depararía grandes éxitos y reconocimientos, al menos mientras sus fundadores se mantuvieron en el instituto. Ese proyecto, al que muchos le debemos mucho fue: HELÍADES.

Helíades fue el inicio de lo que actualmente se ha convertido en una gran amistad con las personas que nos inculcaron tantos valores y, si cabe, nos hicieron amar más a la madre naturaleza.

Pues bien, Helíades, su esencia, hace unas semanas visitó La Duda. Mi entusiasmo por estas tierras en sus caras también se reflejaba. Mi entusiasmo por descubrir las historias de contrabandistas, pobladores de estas tierras, gentes dudosas (que no con duda), cotillear entre las ruinas de las viejas casas... fue y es también su entusiasmo.

Comenzó la mañana en la que se dice que fue la pedanía más antigua de Valencia de Alcántara junto con San Pedro de Los Majarretes, en El Pino. De allí subimos a Sierra Fría, objetivo: Las Casas de La Duda. Ricos manjares poblaron una mesa plegable y el poyo de lo que fue el antiguo secadero, hoy: sala de fiestas y celebraciones. A Mercedes la acompañó, otro entusiasta de la zona, su marido Federico, quien, mapa militar de la zona en mano, tras la comida una agradable cabezadita echó al son de la melodía relajante de la nueva fuente.

Por la tarde, el café lo trajo una "dudosa" de pro: mi madre. Bautizada por Nines como "la cabra de La Duda", los más recónditos rincones y antiguas "vereas" no quedaron por pisar por "la esencia de Helíades".







Nos faltaron algunas personas, pero esta fue la primera de muchas reuniones y celebraciones en La Duda, porque "la esencia" nunca muere, porque somos y seremos... "la esencia de Helíades".

6 comentarios:

  1. Ayyyyy, me ha encantado, Diego! Las semillas de aquel proyecto arraigaron en esa tierra fertil. Cuánto os echo de menos!

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  2. Ayyyyy, me ha encantado, Diego! Las semillas de aquel proyecto arraigaron en esa tierra fertil. Cuánto os echo de menos!

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  3. Claro que han arraigado, y seguiremos sembrando, como el cuento "El Hombre que plantaba árboles". Hay que volver pronto, ya están construyendo la chimenea.

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  6. Sabes, Diego, que siempre quise poner imágenes a ese disco maravilloso de "El hombre que plantaba árboles". Ahora las casas de la Duda nos ofrecen el escenario idóneo para recrear parte de ese cuento. No desaprovechemos la oportunidad y hagamos fotos a cada rincón. Necesitamos toda la esencia de Helíades para hacer culminar esté proyecto. Ya os lo expondremos en nuestra próxima reunión... en las Casas de la Duda, como no podía ser de otra manera.

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