Lo que parecía que iba a ser un día provechoso de domingo, se convirtió en provechoso, sí, pero no de lo que en un primer momento estaba planificado: seguir con la limpieza de La Duda. Subieron con nosotros un par de amigas, de esas que se llevan en el alma. Sin embargo, al llegar por allí estaban otras dos personas a las que en la familia les tenemos un aprecio sublime. Estas dos personas, amantes de La Campiña y, por supuesto y en particular de El Pino, saben apreciar lo que alguien puede llegar a sentir por estos lugares.
Como historia para este blog sobre "Las Casas de La Duda", me quedo con que, la nieta del siempre recordado "tí" Fragalla, cuando era pequeña no quería comer, su madre, con la paciencia que caracteriza a todas la madres, dando un paseo hasta La Duda, con la niña delante y detrás ella con un plato y una tortilla en él; parece ser que era la única forma para que comiese. Llegaban hasta el vetusto bar de la parte española de La Duda y allí, en el pollo, se comía la omellete francesa, a veces, porque otras la tortilla volvía camino de El Pino. Curiosa anécdota del "paisanaje" de La Duda.
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