lunes, 18 de abril de 2016

El nuevo paisanaje.

Lo que parecía que iba a ser un día provechoso de domingo, se convirtió en provechoso, sí, pero no de lo que en un primer momento estaba planificado: seguir con la limpieza de La Duda. Subieron con nosotros un par de amigas, de esas que se llevan en el alma. Sin embargo, al llegar por allí estaban otras dos personas a las que en la familia les tenemos un aprecio sublime. Estas dos personas, amantes de La Campiña y, por supuesto y en particular de El Pino, saben apreciar lo que alguien puede llegar a sentir por estos lugares. 


Como historia para este blog sobre "Las Casas de La Duda", me quedo con que, la nieta del siempre recordado "tí" Fragalla, cuando era pequeña no quería comer, su madre, con la paciencia que caracteriza a todas la madres, dando un paseo hasta La Duda, con la niña delante y detrás ella con un plato y una tortilla en él; parece ser que era la única forma para que comiese. Llegaban hasta el vetusto bar de la parte española de La Duda y allí, en el pollo, se comía la omellete francesa, a veces, porque otras la tortilla volvía camino de El Pino. Curiosa anécdota del "paisanaje" de La Duda.

Pero ahora toca dedicarle un pequeño momento al nuevo paisanaje. Ayer domingo se convirtió en un ir y venir de gentes "dudosas", al llegar, como os he contando, nos encontramos con los descendientes del "ti" Fragalla, pero al cabo de un momento llegaron nuestras amigos. Fue una tarde de risas, momentos y de buena comida de la zona: carne de cerdo a las brasas de unas secas jaras, salchichón de jabalí, un buen queso y fruta, todo ello regado con vino extremeño y agua que nace a tan solo unos metros de nosotros. El nuevo paisanaje se enamora del entorno, los vecinos de enfrente, también llegan, y con ellos sus familiares y amigos, ¡Las Casas de La Duda vuelven a estar habitadas! ¡Es el nuevo paisanaje!, el que seguirá escribiendo la historia de este recóndito lugar de Extremadura y de la fértil Campiña de Valencia de Alcántara. 







P.D. Ah, se me olvidaba. Encontramos una caja, de esas antiguas de alambres, llena de botellas de cristal, supongo que de la tienda/bar de la Tía Joaquina. "La Antoñita", la gaseosa de Valencia de Alcántara, también formó parte de las estanterías y fue testigo de los contrabandistas. 

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