Siempre pensaba que cuando La Duda fuese mía una de las rutas habituales para hacer sería ir a São Julião y a O Montinho, pueblo y pedanía, respectivamente, de Portugal. Sitios que siempre recuerdo con anhelo y cariño porque mis abuelos y mi madre siempre me han hablado bien de esos lugares, de su paisaje y del paisanaje que ellos allí conocían y conocen.
Pues bien, el domingo pasado, hicimos la primera ruta a São Julião y O Montinho, ¿con quién? pues con quien mejor que con "el grupo de ayuno". Quedamos a las 9.30 de la mañana en La Duda, los más madrugadores: Sol, Esther, Steven y quien os escribe; las cacereñas Nines, Mercedes y Federico, al igual que una "dudosa" de pro, mi magnifica madre, llegaron más tarde. Los más madrugadores nos "metimos" entre "pecho y espalda" unas buenas migas extremeñas con cafelito hecho a la lumbre (¡qué bien sabe así!).


Al cabo de un rato llegó mi madre y posteriormente los cacereños. Pusimos las viandas que cada uno trajo en la casa e iniciamos la ruta. A tan solo 20 metros tuvimos que cruzar la frontera y adentrarnos en Portugal, pasamos por la puerta de las antiguas casas de Junuario, el ti`Palrrón y la ti`Vitorina (antigua tienda portuguesa de la ti`María y el ti`Zei). Un gran repecho al frente y al final un cruce de caminos. Seguimos de frente y decidimos bajar primero hasta São Julião, por el mismo lugar donde un señor de El Pino, hace muchísimos años, en aquellos años del verdadero trasiego y la verdadera vida de esplendor de La Campiña de Valencia de Alcántara y, por consiguiente, de las Casas de La Duda, fue a cortarse el pelo a São Julião (¡no tendría otro lugar más cercano!), de vuelta a casa, cayó por un barranco y a un zarzal, lo estuvieron buscando desesperadamente (mi madre participó, siendo una cría, en la búsqueda), finalmente lo sacaron del zarzal con un tractor. Llegamos a São Julião y los convecinos de esta pequeño pueblo portugués terminaban de salir de misa. Llegamos hasta la puerta de la iglesia y allí estaba una señora, mi madre comenzó hablar con ella, en portugués, claro está, resultó haber sido vecina de La Duda (La Dúvida, como se refieren los portugueses a sus Casas de La Duda) hasta las 6 años. La curiosidad de Mercedes por los cementerios locales nos llevó a visitarlo, así como el gusto de mi señora madre por ir "arrebañando" fruta de los árboles ajenos, hizo que nuestras mochilas se llenases de deliciosas naranjas y mandarinas.
Carretera arriba, llegamos a O Montinho, una pequeña pedanía con dos bares y una tienda, el paisanaje conoce muy bien a mis abuelos al hablar y recordar "La Dúvida" y sus gentes con mi madre. Otra hora de camino y de nuevo en La Duda, el hambre puede con nosotros y los manjares que cada uno llevamos son "devorados" en poco tiempo, ¡este grupo de ayuno disfruta comiendo tanto como disfrutando del campo!


Hemos tenido que reponer fuerzas, otra ruta-aventura nos espera, esta vez, en otro lugar rayano por excelencia: el río Sever, en concreto, el salón de baile de la zona del Molino de La Negra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario